Ligeia (E. A. Poe)(fragmento)

Espero les guste, el poema me agrado bastante, entendedlo

………

 

 

A una hora avanzada de la noche en que ella murió, me llamó perentoriamente a su lado, y me hizo repetir ciertos versos compuestos por ella pocos días antes. La obedecí. Son los siguientes:

 

 

¡Mirad! ¡Esta es noche de gala

después de los postreros años tristes!

Una multitud de ángeles alígeros, ornados

de velos, y anegados en lágrimas,

siéntase en un teatro, para ver

un drama de miedos y esperanzas,

mientras la orquesta exhala, a ratos,

la música de los astros.

Mimos, a semejanza del Altísimo,

murmuran y rezongan quedamente,

volando de un lado para otro;

meros muñecos que van y vienen

a la orden de grandes seres informes

que trasladan la escena aquí y allá,

¡sacudiendo con sus alas de cóndor

el Dolor invisible!

¡Qué abigarrado drama! ¡Oh, sin duda,

jamás será olvidado!

Con su Fantasma, sin cesar acosado,

por un gentío que apresarle no puede,

en un circulo que gira eternamente

sobre si propio y en el mismo sitio;

¡mucha Locura, más Pecado aún

y el Horror, son alma de la trama!

Pero mirad: ¡entre la chusma mímica

una forma rastrera se entremete!

¡Una cosa roja de sangre que llega retorciéndose

de la soledad escénica¡

¡Se retuerce y retuerce! Con jadeos mortales

los mimos son ahora su pasto,

los serafines lloran viendo los dientes del gusano

chorrear sangre humana.

¡Fuera, fuera todas las luces!

Y sobre cada forma trémula,

el telón cual paño fúnebre,

baja con tempestuoso ímpetu…

Los ángeles, pálidos todos, lívidos,

se levantan, descúbranse, afirma

que la obra es la tragedia Hombre,

y su héroe, el Gusano triunfante.

 

 

-¡Oh Dios mío! -gritó casi Ligeia, alzándose de puntillas y extendiendo sus brazos hacia lo alto con un

movimiento espasmódico, cuando acabé de recitar estos versos-. ¡Oh Dios mío! ¡Oh Padre Divino!

 

¿Sucederán estas cosas irremisiblemente? ¿No será nunca vencido ese conquistador? ¿NO somos nosotros

una parte y una parcela de Ti? ¿Quien conoce los misterios de la voluntad y su vigor? El hombre no se

rinde a los ángeles ni a la muerte por completo, salvo por la flaqueza de su débil voluntad.

Y entonces, como agotada por la emoción, dejó caer sus blancos brazos con resignación, y volvió

solemnemente a su lecho de muerte. Y cuando exhalaba sus postreros suspiros se mezcló a ellos desde sus

labios un murmullo confuso. Agucé el oído y distinguí de nuevo las terminantes palabras del pasaje de

Glanvill: "El hombre no se rinde a los ángeles ni por entero a la muerte, salvo por la flaqueza de su débil

voluntad."

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